Hoy he tenido un sueño…

hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño Martin Luther King, 28 agosto 1963

Con Obama, el sueño americano de Martin Luther King y de John F. Kennedy puede hacerse realidad. ¡Igual dignidad de todos los seres humanos! “Ahora es el momento – dijo Luther King en la marcha sobre Washington del 28 de agosto de 1963- de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad”. El pueblo norteamericano sabe que ahora es el momento de la hermandad.

Obama tiene el temple, el rigor y la visión que hacen falta en estos momentos en que todo está trastocado y confuso. Representa el cambio, un nuevo paradigma, pero también un nuevo estilo, una nueva forma de enfrentar los desafíos, guiados por los valores éticos y los principios democráticos, las mismas oportunidades, el esfuerzo, la ilusión cotidiana, la capacitación… Obama, afroamericano, ciudadano del mundo, consciente del conjunto de la aldea global y no sólo de sus barrios más prósperos.

Los poderes públicos, que han hallado en pocas horas para el rescate de los culpables de la crisis financiera los fondos que no supieron encontrar en años para afrontar el sida, el desarrollo endógeno de los países explotados, el hambre, la pobreza…, necesitan un nuevo liderazgo que señale otros caminos, otras formas de gobernar. Se necesita, como decía Maimónides en su Guía de perplejos,alguien al frente de la nación más poderosa de la Tierra que infunda respeto y confianza, que tenga la competencia y los equipos necesarios para aprovechar una ocasión histórica de cambios radicales, de modo que los súbditos, en Estados Unidos y en el mundo entero, se transformen en ciudadanos.

“Concentrémonos en el empleo”, dijo Obama en su último debate con McCain el 15 de octubre. “Quiero poner fin a las ventajas fiscales concedidas a empresas que deslocalizan los empleos y dar un crédito de impuestos a las empresas que creen empleos aquí, en Estados Unidos…, ayudando, asimismo, inmediatamente a las familias”, a la gente…

Estamos hablando sólo de la crisis financiera, sin mencionar las que se refieren a la energía, la alimentación, el medio ambiente… Se requiere un golpe de timón que no debe darse por los economistas que ya han fracasado sino por los que tienen una orientación basada en la realidad de un mundo redondo capaz de reaccionar gracias a la capacidad creadora distintiva de los seres humanos.

Un presidente nuevo para la nueva era que se abre con el desmoronamiento de un sistema económico que ha excluido y marginado, que ha preferido una plutocracia (G-7/ G-8) al sistema multilateral y democrático que representa la ONU, que debe ser ahora, con gran celeridad, profundamente reformada, incluyendo la Organización Mundial del Comercio, el FMI y el Banco Mundial “para la reconstrucción y el desarrollo”, que deben cumplir las misiones para las cuales fueron creados por Franklin D. Roosevelt en 1944.

Colin Powell ha dicho que “será un presidente excepcional”, porque es capaz de inspirar a los ciudadanos y por la naturaleza unificadora de su candidatura… Porque sabe convencer al pueblo norteamericano y al mundo de que Estados Unidos va a renovarse”. ! Renovarse! Estados Unidos y el mundo entero. De nuevo, valores democráticos. De nuevo, la esperanza. De nuevo, inventar el futuro. De nuevo, el protagonismo de las generaciones jóvenes. De nuevo, el convencimiento de que juntos, podemos. De nuevo, la libertad.

Martin Luther King terminó así el discurso de su sueño: “Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día en que todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: ´¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente ¡Somos libres al fin!´”.

Obama ya no correrá el riesgo de ser el que ha revolucionado un sistema que estaba claro que debía sufrir un cambio profundo y urgente. Ya no se le podrá acusar de haber trastocado lo que hace tan sólo unos meses los artífices y beneficiarios de la globalización y la economía de mercado seguían presentando como la gran solución. Obama llega en un momento en que un nuevo modelo es deseado por casi todos. Y supone, contra la inercia, el mérito, la capacidad de innovar, la solidaridad.

Necesitamos líderes nuevos para tiempos nuevos, con grandes transiciones. De la fuerza a la palabra. De una cultura de violencia y guerra a una cultura de diálogo, conciliación y paz. Grandes crisis, grandes oportunidades. No más resignación. El tiempo de la revuelta pacífica pero firme en favor del rescate humano ha llegado. Vamos a ser todos Rosa Parks, la activista negra de los derechos civiles, y no vamos a ceder el asiento que ocupamos (ella en un autobús, nosotros en el mundo) para llegar sin demora al destino de ese otro mundo posible que anhelamos.

He tenido un sueño. He soñado en el sueño de Martin Luther King, el sueño de la igualdad, de la justicia y de la libertad. Obama, negro americano, ¡presidente de Estados Unidos!

¿Cómo ha llegado hasta aquí?

Cuando se lean estas líneas hasta aquí quizás ya significa la Casa Blanca. Con el recorrido que ha realizado en los últimos 21 meses, desde que anunció su candidatura, hasta el cierre de las urnas, basta y sobra para declararle vencedor del desafío que significaba bregar porque un ciudadano afroamericano se convirtiera en el 44º presidente de los Estados Unidos de América. Su campaña ya ha transformado a este país, que celebró ayer su día grande electoral convertido en una sociedad post racial, en la que el ascensor social funciona para todos los ciudadanos. También le ha transformado a él, quizás no personalmente, pero sí en su imagen pública y en su capacidad de sintonizar con la gente. Y, lo que es más interesante, su campaña ha obtenido unos resultados vencedores en todos los capítulos: participación, financiación, organización, uso de las nuevas tecnologías y sondeos. Lo único que le faltaba ayer era que el escrutinio de los votos populares le proporcionara los 270 delegados necesarios.

El candidato republicano, John McCain, alguna responsabilidad tiene en tantos éxitos y en uno en concreto: no ha querido hacer sangre con los vídeos subversivos del pastor negro Wright, el mentor espiritual de Obama de discurso antiamericano. También le ha facilitado las cosas con sus dos errores más garrafales (el nombramiento de la señora Palin y su reacción desordenada e impulsiva ante la crisis financiera). Pero el mérito fundamental es de Obama y de su equipo. Ha sido la mejor campaña de la historia y ha contado con un candidato inmejorable, todo rozando la perfección. No se han producido cambios de rumbo político en su orientación. Tampoco cambios de equipos, como les sucedió a Clinton y McCain. Ni filtraciones. La disciplina y el orden han reinado en una medida desconocida: el reparto de la piel del oso antes de cazarlo ha quedado proscrito.

De la campaña sale una experiencia que desborda al actual Partido Demócrata. La financiación pública de las campañas ya no será posible a partir de ahora. La recaudación por Internet se revela un mecanismo de participación y de organización que va más allá de una campaña. Aunque los medios tradicionales aman a Obama, han sido los nuevos los que le han dado la victoria: Internet, marketing viral, mensajes telefónicos, vídeos en YouTube, videojuegos. Obama ha movilizado masas, algo inhabitual en la política estadounidense, pero la movilización más intensa ha funcionado en el uso de los nuevos medios, en chats y redes sociales. Un nuevo partido, sí, pero también una nueva forma de hacer política, la propia además de una generación que se incorpora con fuerza y carácter propios.

Pero lo mejor de todo es el propio Obama, la fuerza de su personalidad, su oratoria, su carácter, ese temperamento de primera clase que le han elogiado incluso sus adversarios y un ego especial, transparente, que no vive con angustia su relación con el poder. Un anti Sarkozy, en suma, que sabe trabajar en equipo y dirigirse con naturalidad a los ciudadanos.

Un hombre para la eternidad

Mucho se ha comentado sobre el hecho histórico de que Barack Obama sea negro. Y lo es, lo cual es muy positivo para Estados Unidos, y quizá incluso para el mundo. Pero tampoco es negro del todo, lo cual también es positivo.

Como nos recordó la foto que todo el mundo vio ayer del joven Obama con sus abuelos maternos, es mestizo. Sólo que, por los misterios de la biología, lo que predomina en su rostro son los genes de su padre keniano.

Que se le perciba como negro es bueno para la América negra. Manda un mensaje de un valor incalculable. El victimismo ancestral de los afroamericanos, los descendientes de los esclavos, ha inhibido la evolución de este sector de la población en lo económico, lo político y lo social. El hecho de que el color de la piel apenas influye en la capacidad de prosperar de los habitantes del “país de las oportunidades” se ha demostrado en el notable éxito que han tenido los recientes inmigrantes africanos, cuyos ingresos y nivel educativo han estado por encima de los de la media del país.

El ver que un hombre del mismo aspecto que ellos ha llegado a las alturas más elevadas de la política estadounidense tiene

que servir para la población afroamericana como incentivo y como gran golpe de confianza.

Esto no significa que los blancos o los hispanos o los de origen asiático tengan que sentirse de ningún modo amenazados o excluidos de la fiesta. Porque ellos también pueden reconocerse en Obama, o pueden ver en él un americano medio más. Por su porte, por su aire y, ante todo, por su forma de hablar inglés, Obama no corresponde al estereotipo del negro americano con el que se asociaba a un fallido candidato negro anterior, Jesse Jackson. Cuando uno habla por teléfono con un estadounidense desconocido detecta inmediatamente, en 90 casos de cada 100, si la persona es negra. El afroamericano tiene un acento distintivo, con una clara nota sureña que lo delata, independientemente del lugar de Estados Unidos en el que viva o haya nacido.

Obama no habla así. Obama habla como un blanco típico de clasemedia de Connecticut o Colorado. En cuanto a las palabras que usa y cómo las ordena, está en otra órbita comparado con George W. Bush, por poner un ejemplo. Habla con la elocuencia, claridad y amplitud de vocabulario del más eminente abogado o profesor universitario. Pero no deja de tener visibles raíces africanas, lo que implica que todo el mundo no sólo pueda identificarse con algún aspecto de él, sino que ofrece el ejemplo de una persona digna y susceptible de emular. Obama combina los atributos del continente en el que se originó la especie humana con los del infinitamente variado país en el que él nació. Es un hombre para la eternidad.

Un antes y un después…

El año 2008 pasará a la historia política norteamericana -y, en la medida en que corresponda, a la historia mundial- como el del antes y el después, como el fin de una era y el principio de otra. Las campañas electorales no se organizarán de la misma forma, ni se financiarán como hasta ahora; los candidatos se relacionarán con los electores de manera distinta; el récord de participación tendrá efectos duraderos y la sociedad habrá dado enormes pasos adelante en la cicatrización de una de sus heridas más antiguas y profundas, la de la esclavitud.

Como toda revolución, la de 2008 no se ha producido de la noche a la mañana. Ya en las elecciones del año 2000 y, sobre todo, 2004, la maquinaria republicana dirigida por Karl Rove puso a trabajar a un millón de voluntarios para llegar a los votantes en función de los análisis de complejas bases de datos. Ya en 2004, el entonces aspirante demócrata Howard Dean descubrió las posibilidades de Internet a la hora de organizar a las bases y recaudar fondos. Y, hace cuatro años, la participación dio un enorme salto adelante.

Pero ahora todo se ha multiplicado. En el caso de la campaña de Barack Obama -magistralmente dirigida por David Axelrod- estas dimensiones reforzadas han logrado conectar con la incorporación masiva de los consumidores a la información. La combinación del Yes, we can con YouTube -la propulsión que producen las tecnologías de masas sobre el mensaje tradicional- ha sido explosiva.

Y, sin embargo, cuando el 76% de los norteamericanos cree que el país va por el camino equivocado, todo esto no es lo más importante. La organización de Obama -primero frente a Hillary, después ante John McCain- ha sido de una eficacia espectacular, pero estamos hablando de mucho más; el dinero gastado en 2008 ha batido marcas, pero eso es algo que volverá a ocurrir dentro de cuatro años. No; se trata de una nueva frontera como la que marcó John F. Kennedy hace casi medio siglo, de una visión compartida, de otra dirección y otro tiempo. Se trata del siglo XXI.

En una elección determinada por la economía, con el recuerdo de la incompetencia y los desmanes de los últimos ocho años y con un paisaje social en el que se afirman la diversidad y la fusión, el antes y el después pasa por el cambio. Por el cambio y la esperanza, no por el miedo y el eco del 11-S. El antes y el después que más importan tienen que ver marginalmente con la pequeña ruptura de McCain con respecto a George W. Bush y, sobre todo, con la figura de Obama. “Creo que el gran mensaje es la renovación del sueño americano”, dice Carl Meacham, asesor principal del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, que, como hijo de afroamericano y chilena, sabe bien de qué habla cuando recuerda, una vez más, que Obama es hijo de un africano negro y una mujer blanca de Kansas. Y para explicar mejor la revolución, no se resiste a dejar caer la pregunta: “¿Podría pasar esto en Europa, en España? ¿Se elegiría presidente a alguien mitad español mitad dominicano, o ecuatoriano, o marroquí?”.

EL DISCURSO DE OBAMA (click para ver vídeo)

¡Hola, Chicago!

Si todavía queda alguien por ahí que aún duda de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, quien todavía se pregunta si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, quien todavía cuestiona la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.

Es la respuesta dada por las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número cómo esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres horas y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta, y que sus voces podrían suponer esa diferencia.

Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de estados rojos y estados azules.

Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.

Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido aconsejados a ser escépticos y temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr, a poner manos al arco de la Historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.

Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha venido a Estados Unidos.

Esta noche, recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.

El senador McCain luchó larga y duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.

Le felicito; felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.

Quiero agradecer a mi socio en este viaje, un hombre que hizo campaña desde el corazón, e hizo de portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crío en las calles de Scranton y con quienes viajaba en tren de vuelta a su casa en Delaware, el vicepresidente electo de los Estados Unidos, Joe Biden.

Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, la piedra de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.

Sasha y Malia, os quiero a las dos más de lo que podéis imagina. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará hasta la nueva Casa Blanca. Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Los echo en falta esta noche. Sé que mi deuda para con ellos es incalculable

A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis aportado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido de esta campaña, quien construyó la mejor, la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América.

A mi estratega en jefe, David Axelrod, quien ha sido un socio mío a cada paso del camino. Al mejor equipo de campaña que se ha compuesto en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.

Pero sobre todo, no olvidaré a quién pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.

Nunca parecí el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco dólares y diez dólares y veinte dólares

Adquirió fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito de la apatía de su generación, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para hacer trabajos que les procuraron poco dinero y menos sueño.

Adquirió fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos y de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no se ha desvanecido de la Tierra.

Esta es vuestra victoria.

Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí. Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras celebramos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas -dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo-.

Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.

Hay madres y padres que se quedarán desvelados en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagarán la hipoteca o las facturas médicas o ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.

Hay nueva energía por aprovechar, nuevos puestos de trabajo por crear, nuevas escuelas por construir, y amenazas por contestar, alianzas por reparar.

El camino por delante será largo. La subida será empinada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como estoy esta noche de que llegaremos.

Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.

Habrá percances y comienzos en falso. Hay muchos que no estarán de acuerdo con cada decisión o política mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.

Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos afrontan. Os escucharé, sobre todo cuando discrepamos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho en Estados Unidos durante 221 años bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.

Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal. Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a como era antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio.

Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu del patriotismo, de responsabilidad, en que cada uno echa una mano y trabaja más y se preocupa no sólo de nosotros mismos sino el uno del otro.

Recordemos que, si esta crisis financiera nos ha enseñado algo, es que no puede haber un Wall Street (sector financiero) próspero mientras que Main Street (los comercios de a pie) sufren.

En este país, avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación de recaer en el partidismo y mezquindad e inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo.

Recordemos que fue un hombre de este estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la autosuficiencia y la libertad del individuo y la unidad nacional.

Esos son valores que todos compartimos. Y mientras que el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hacemos con cierta humildad y la decisión de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.

Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos sino amigos. Aunque las pasiones los hayan puesto bajo tensión, no deben romper nuestros lazos de afecto.

Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente, también.

Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se juntan alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diversas, pero nuestro destino es compartido, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.

A aquellos, a aquellos que derrumbarían al mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.

Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana.

Estas elecciones contaron con muchas primicias y muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que emitió su papeleta en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones, salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.

Nació sólo una generación después de la esclavitud; en una era en que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos; cuando alguien como ella no podía votar por dos razones -porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche, pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos- la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: Sí podemos.

En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí podemos. Cuando había desesperación y una depresión a lo largo del país, ella vio cómo una nación conquistó el propio miedo con un Nuevo Arreglo, nuevos empleos y un nuevo sentido de propósitos comunes.

Sí podemos

Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza y la democracia fue salvada.

Sí podemos.

Ella estaba allí para los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: “Lo superaremos”.

Sí podemos.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación.

Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, durante los tiempos mejores y las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.

Sí podemos.

Estados Unidos, hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos -si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen tanta suerte como para vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper, ¿qué cambio verán? ¿Qué progreso habremos hecho?

Esta es nuestra oportunidad de responder a ese llamamiento. Este es nuestro momento. Estos son nuestros tiempos, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad para nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental, que, de muchos, somos uno; que mientras respiremos tenemos esperanza.

Y donde nos encontramos con escepticismo y dudas y aquellos que nos dicen que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: Sí podemos.

Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a los Estados Unidos de América.

Enlaces:

Cambia el Color de la Historia

Especial elecciones en El País, Galería

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Los vídeos de la jornada electoral

Así lo han visto en el mundo

Un antes y un después…

Un hombre para la eternidad

¿Cómo ha llegado hasta aquí?

La voz de los presidentes de Estados Unidos

~ por yurei8 en 5 Noviembre, 2008.

2 comentarios to “Hoy he tenido un sueño…”

  1. Ojalá, desde los mas hondo de mi corazón, que tengas razón en todo, que el mundo no se equivoque, y que realmente Obama traiga el cambio anhelado, pero tal vez por mi afición a ir contra corriente, tengo que dar mi opinión:

    Para empezar, creo que está muy lejos de lo que habría supuesto Martin Luther King (que por cierto pronunció su famoso discurso poco despues de nacer yo ;-) ). Eso si habría sido un cambio. Y para seguir, la sensación que cada día tengo mas clara. Tengo la impresión de que Obama es un “pequeño timo”, por lo siguiente:

    - No es negro (la mitad de su familia es blanca blanca)
    - No desciende de esclavos (su familia negra sigue viviendo en áfrica)
    - No es de origen humilde (su abuela era un alto cargo del banco de Hawaii y su abuelo empresario, por lo que imagino que se crió en la opulencia)
    - No sabe lo que es la marginacion en primera persona (en Hawaii no ha racismo con los negros)
    - No…

    En fin, seguro que hay mas detalles. Lo que quiero decir es que, aunque Obama representa a los marginados y oprimidos, ni lo es ni tiene ninguna de sus características. El milagro americano… muy descafeinado, nunca mejor dicho ;-)

    Es mi humilde opinión. Saludos cordiales.

  2. Estos días solo oía la misma cantinela,
    - ¿Quien quieres que gane?
    - Pues, Obama
    - Y, ¿por qué?

    ¿Por qué? y ¡porqué no!

    En mi opinión, hay que valorar a Obama por lo que es y por lo que a conseguido, más que por lo que no es (sin olvidar que su padre era keniata, y ese pueblo si sufrió la esclavitud).

    La movilización, la ilusión y la esperanza que ha creado en la nación americana en todos los órdenes, no creo que sea casualidad (y eso no lo da el dinero ya que Bush sabe muy bien de color son los billetes y jamás logró algo parecido).

    Tu dices que representa a los “marginados y los oprimidos”, pero solo con ese sector de la población no se ganan unas elecciones, y menos en Estados Unidos. El mérito de Obama es que a ido más allá de ese sector.

    Creo que esta frase es muy ilustrativa, “Obama combina los atributos del continente en el que se originó la especie humana con los del infinitamente variado país en el que él nació.” (es decir, aquí tu argumento de que no se negro 100%, es considerado una ventaja y no una desventaja, Obama representa a todos).

    Yo en Obama no veo un negro un blanco ni un amarillo, veo una persona que inspira, y eso en estos tiempos es mucho. Es como si a Kenedy se le criticara por no ser negro, para mí, eso no importa, importa la persona, Yes we CAN

    Como último apunte (que sino me lío y no acabo) ,actualmente el estado de Hawái cuenta con una población de 1.285.498 personas, de los cuales :

    * El 39,9% son asiáticos.
    * El 24,6% son caucásicos (europeos o descendientes de europeos y de zonas próximas a Europa).
    * El 7,8% son “latinos” o “hispanos”, entre los que predominan los mexicanos y puertorriqueños.
    * El 2,2% son de orígenes africanos.
    * El resto lo conforman personas de otras etnias.

    Quizás en Hawái no hay racismo, pero tampoco son la etnia dominante.

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